En otro tiempo, ustedes eran oscuridad; pero ahora son luz en el Señor.Efesios 5:7-14

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‘Barbie’: castrando a Ken

‘Barbie’: castrando a Ken

‘Barbie’: castrando a Ken
Desde hace un par de años los hombres suelen aparecer en las películas como figuras inútiles e incompetentes
                                                    

Jeniffer Díaz (*)

  • “Estudios recientes demuestran que las mujeres solteras y sin hijos son más felices”.
  • “Cualquier hombre es un violador en potencia según la ciencia”.
  • “Ellas salieron de una relación que las lastimaba, se enfocaron en su carrera y volvieron a brillar”.

No puedes imaginar la cantidad de veces que me topo con enunciados como estos en el inicio de mi Facebook. Sinceramente, a veces temo que mi perfil haya sido hackeado por la ruda Helga Pataki de la serie Oye, Arnold, aunque incluso ella mostraba un poco más de amor por el sexo masculino.

En tiempos realmente convulsos, plagado de “ismos” y de ideologías, el feminismo se alza como la apuesta que promete liberar de una vez por todas a la mujer de los yugos que le fueron impuestos desde los comienzos de la humanidad: la sexualidad, la maternidad y cómo no, el patriarcado.

 

El poder de las ideas

Creo que aún ignoramos el poder que tienen las ideas. Los publicistas lo sabemos muy bien. La industria de la cultura popular lo sabe mejor que nadie. Por eso el cine se ha convertido en el último tiempo en el gran promotor de ideologías. No me malinterpretes, me encanta ir al cine, pero no debemos perder de vista que gran parte las creencias que imperan en la sociedad nos vienen empaquetadas en filmes que derrochan humor y banalidad. Luego esas ideas se transforman en conductas concretas.

Ni siquiera la muñeca clásica Barbie pudo librarse de este juego. Quién diría que casi 70 años después de su creación, Barbie, que fue ideada para empoderar a las mujeres a ser lo que quieran ser, iba a ser acusada de todo lo contrario, de promover el sexismo, de ser facista, de contribuir al consumo y a la contaminación medioambiental. O por lo menos, esto es lo que muestra la escena en que Sasha le grita a la ingenua Barbie cuando aparece en su escuela toda vestida de rosa.

La amargura y rudeza de Sasha son sorprendentes. Sus reclamos no parecen propios de su edad, parece una idea sacada de Chat GPT. Ella repite como un dogma el discurso feminista de nuestro tiempo, que en todo caso me recuerda mucho a la novela distópica de Un mundo feliz, en donde los ciudadanos han sido adoctrinados con frases sin sentido que repiten a diestra y siniestra, sin tener una mínima idea de lo que estas significan. En todo caso, Sasha es un ejemplo de la realidad que supera la ficción.

Porque no nos confundamos. Desde un principio, Barbie advertía ser una película alejada del mundo Mattel de ensueño. Greta Gerwig, quien es la directora, es reconocida por producir aclamadas películas, todas ellas con tópicos feministas. No se puede ni se debe negar el ingenio de Gerwig en esta película, cómo logra presentar un tema tan polémico a través precisamente de la muñeca icono feminista más famosa de toda la historia.

(Alto contenido de spoilers) La sátira está presente en toda la película de principio a fin. La primera escena ya anticipa este recurso, cuando se muestra a niñas que juegan a ser madres, viviendo entre montañas desérticas, con uniformes de colores deprimentes y rostros de cansancio, jugando a lo único que podían jugar en ese momento, a ser madres. La escena avanza y entonces aparece en escena Barbie con el icónico bañador con que se lanzó la muñeca en 1959. La reacción inmediata de las niñas es tan dramática como la banda sonora que acompaña la escena: arrojan, quiebran y se deshacen de los molestos bebés, que las tenían esclavizadas. La maternidad es un concepto pasado de moda. No es que la mujer no pueda elegir ser madre, es que deberá asumir los riesgos de tal elección, quizás deberá soportar la etiqueta de “ser una cosa bastante extraña”, como la barbie embarazada que aparece en los primeros minutos de la película.

 

¿Se llega a ser mujer?

Si como proclamó Simone de Beauvoir, “no se nace mujer: se llega a serlo” (1), entonces uno puede deconstruir la idea patriarcal de feminidad. A fin de cuentas, no es más que un constructo social. La sexualidad aparece entonces desligada de la biología, porque como Judith Butler defiende, “el sexo no limita al género” (2).

Se llega a dichas conclusiones a través de estudios de carácter pseudocientífico (muy propio de las ideologías) pero las implicaciones filosóficas de estas ideas son tremendas y hoy vemos sus estragos. El feminismo (3) es un colectivo que pretende defender los derechos de la mujer, pero es incapaz de definir qué es ser una mujer. Dicen que los hombres no tienen derecho a opinar sobre el aborto, por ejemplo, porque no tienen útero, pero al mismo tiempo promueven la ideología de género que sostiene que los hombres pueden ser mujeres sin tener útero. He ahí la mejor evidencia de una falsa cosmovisión, que no se sostiene lógicamente según sus presupuestos.

Barbie es aparentemente todo con lo que una niña sueña. Para ser justas, la película pone sobre la mesa el problema de los estereotipos. La imagen que Barbie proyecta es ciertamente inalcanzable. Aspirar a ser ella puede causar en las infantes terribles sentimientos de frustración e inconformidad. Ken también es representado como un estereotipo bastante extraño. Parece perdido, no me extrañaría que en una segunda entrega de Barbie aparezca siendo miembro activo de la comunidad LGTBQ+. Un muñeco metrosexual, que solo se preocupa por su apariencia y por conseguir la atención de Barbie. A decir verdad, el personaje de Ken es quien aporta los toques cómicos a la película, o más bien tragicómicos, porque representa y lleva y la exageración todo lo que al parecer las mujeres odian de los hombres, para mofarse de su género. Y no es de extrañar, pues desde hace un par de años los hombres suelen aparecer en las películas como figuras inútiles e incompetentes, que necesitan del ingenio de la mujer para salvar al mundo.

Cuando Ken sale al mundo real y ve todo de lo que los hombres son capaces de hacer, lleva estas mismas ideas a Barbieland. ¿Qué sucede a continuación? Caos total. ¿Pues qué otra cosa puede suceder en un mundo gobernado por hombres? Desorden por doquier, hombres ridículamente vestidos de vaqueros, obsesionados con los caballos, la cerveza y la barbacoa, mientras las barbies ahora actúan como súbditas dispuestas a complacer todos sus deseos. Para rematar, Ken se auto proclama como el estereotipo varonil más odiado de todos los tiempos al ofrecerle a Barbie el tan codiciado privilegio de ser su novia a larga distancia y sin compromisos. Apuesto que esta escena provocó muchas risas.

 

Masculinidad castrada

Pero más allá de lo cómico, en el mundo real, si puedo usar esta expresión, la masculinidad también ha sido ridiculizada. La cultura popular insiste en vendernos la idea de la nueva masculinidad, un nuevo prototipo de hombre alejado de la masculinidad tóxica de antaño. ¿Y quiénes son los iconos de esta nueva masculinidad? Nada más y nada menos que hombres como Bad Bunny. Sí, el mismo que sodomiza y cosifica a las mujeres en cada una de sus canciones. O quizás un Harry Styles, usando un tutú de ballet rosa, para demostrar no sé sinceramente qué cosa. En fin, la nueva masculinidad no es más que la desvirilización de la identidad masculina avalada por la cultura pop.

Lo más curioso es que la misma agenda que defiende y promueve el feminismo es la que promueve que hombres participen y compitan en deportes femeninos contra mujeres, teniendo una clara ventaja dada por su naturaleza biológica. Es la misma ideología que descalifica a una mujer embarazada del concurso de belleza femenimo más importante del mundo, por el hecho de llevar algo en su vientre que solo una mujer puede llevar. Pero que al mismo tiempo corona a un hombre que se autopercibe como fémina.

El feminismo de nuestro tiempo desprecia a la mujer por ser mujer. Pero sin duda, lo que es para volverse loco, es lo que a todas luces es una contradicción implantada en la esencia de esta ideología: ¿cómo se puede ser feminista en un mundo en dónde no se quiere definir, en primer lugar, qué es ser una mujer? ¡Vaya!, Ni Orwell podría escribir una realidad más distópica que esta.

 

Las mujeres al poder

Así que cuando los “kens” se toman Barbieland y queda expuesto ante todos que todos los males que existen en el mundo real se deben al patriarcado (dogma que se repite cada dos minutos en la película), queda en evidencia que el mundo volverá a ser un lugar de paz, una vez que las mujeres tomen el control, porque el lugar perfecto es aquel donde las mujeres gobiernan.

Nancy Pearcey traza la ruptura entre hombres y mujeres desde la época de la revolución industrial, cuando las familias dejan de funcionar de la forma tradicional, es decir, madres y padres ya no estarían involucrados en la construcción del hogar, ya que en este nuevo sistema los hombres tienen que pasar largas jornadas en el trabajo, mientras la mujer, que antes compartía la crianza con el varón, ahora debe ocuparse de lleno a la maternidad y cuidado del hogar. Los hombres desarrollan en sus empleos habilidades que les hacen cada vez más competitivos y obsesionados con el éxito económico, mientras las mujeres se autoproclaman como “Guardianas de la moralidad, ejemplo de virtud para los hombres”. (4)

Desde luego, dicho sistema no resultó en beneficio para ninguno de los sexos y de hecho fue contraproducente. ¿Por qué? “Porque al definir la virtud como cualidad femenina en vez de humana, el exigir que los hombres fueran virtuosos se consideró imposición de la norma femenina, una norma ajena a la naturaleza masculina” (5).

Pero la narrativa de la ideología feminista sigue siendo la misma hoy, que la mujer debe reformar al hombre. El discurso se ha fortalecido al retratar a todos los hombres como agresivos, abusadores y opresores solo por ser hombres y a las mujeres como víctimas solo por ser mujeres, como lo cree Andrea Dworkin, cuando dijo que “todo coito heterosexual supone la violación de un hombre sobre una mujer". Incluso escuchamos exageraciones tales como que “cuando una mujer llega al orgasmo con un hombre, solo está reproduciendo el sistema del patriarcado”, según Sheila Jeffreys.

 

La fantasía del patriarcado

Pero, ¿existe realmente el patriarcado? ¿No fueron hombres como John Stuart Mill que estuvieron involucrados en las protestas por el derecho al sufragio femenino? ¿O Marqués de Condorcet quien defendió la igualdad de sexo durante la revolución francesa?

La furia feminista no ha querido ver que gran cantidad de mujeres mueren producto del aborto (6) y no de feminicidios, ya que son los hombres quienes sufren más homicidios a nivel mundial (7). Son precisamente los tan odiados hombres los que ponen su vida por la nación cuando van a la guerra. Actualmente, existen sectores de empleos a los que sólo puedes acceder si eres mujer, sobre todo aquellos ligados al área de los servicios. Por otro lado, el suicidio es tres veces mas frecuente en hombres que en mujeres (8).

Datos más reveladores nos dicen que “hacia 1870, sólo un 14% de las estadounidenses en edad laboral trabajaban fuera de la casa. Pero hacia 1940, el número ya se había duplicado. Para 1970, aproximadamente el 43% de las mujeres de Estados Unidos con edad superior a los dieciséis años tenía un trabajo asalariado. En 1996, eran casi el 60% las que trabajaban. En 2014, según datos del Banco Mundial, un 46% de la mano de obra norteamericana estaba formada por mujeres.Y no menos importante, según estudios de la revista Fortune, hoy las mujeres son propietarias del 65% de todos los bienes de Estados Unidos” (9).

Podríamos continuar: entre el 75% y el 80% de las personas en situación de sin hogar son hombres (10). En términos de educación, según la el Informe Global de la Brecha de Género, “las mujeres ya representan la mayoría de estudiantes en casi 100 países” (11). Por lo tanto, existe una cantidad abismal de datos que ponen en evidencia que la mujer ya no es considerada parte del inmueble del hogar como lo fue hace décadas, sino que ahora ella es un activo miembro de la sociedad, que en algunos casos supera incluso la influencia y presencia masculina.

El final de Barbie es apropiado para el argumento de la película. Una mujer empoderada y exitosa es aquella que rechaza el amor y la idea de familia, en pos de seguir sus sueños, como bien lo indican los “estudios” que te aparecen en el inicio de Facebook cada día. El triunfo del feminismo, tal y como se expresa en nuestro tiempo, sería el triunfo del sin sentido, del resentimiento y de la eterna rivalidad inexistente entre sexos, porque esta ideología se moviliza no para conseguir igualdad, sino suplantación; no desde el amor, sino desde el odio hacia lo masculino.

Si, por el contrario, aunque no se puede caer en el simplismo sobre este asunto, dejamos de impulsar una carrera competitiva entre hombres y mujeres y nos vemos como realmente somos, complementos necesarios creados para formar un todo, con diferencias tanto psíquicas como físicas necesarias para cultivar y fructificar la tierra que nos ha sido dada, armonizando entre sí, trabajando por un bien común en el que cada uno es digno por ser hecho a imagen y semejanza de Dios, entonces ya no hará falta alimentar el fantasma del patriarcado. Mientras esto no ocurra, las barbies insatisfechas y los kens con nueva masculinidad seguirán siendo fabricados en masa por la cultura popular.

 

(*) Jeniffer Díaz tiene realizados estudios en marketing y publicidad y actualmente estudia teología en la Facultad Internacional IBSTE.


fuente : www.evangelicodigital.com

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